Comunismo blanco


Día 1:


Querido diario, hoy he vuelto a coger mi cartilla de racionamiento y me acerqué al economato. El economato es un lugar que existe realmente. Lo tenemos por aquí, muy cerquita y España está repleto de ellos.


Día 2:


Querido diario, desde que el economato decidió hacerle la guerra a las marcas capitalistas, allí todo es mucho mejor y más bonito. Es un sitio idílico donde todos somos iguales, donde no hay diferencias, donde no tienes la posibilidad de escoger porque sólo hay un producto de cada cosa; el de ellos. O lo coges o lo dejas. Todo sabe igual, tiene la misma pinta y no evoluciona. Si quieres galletas de chocolate, las tienes, pero no esperes tener algo nuevo porque, en el economato prefieren tener lo que hay y no dejar espacio para esas marcas demoníacas que se gastan el dinero tristemente en innovar. Esas marcas que hacen que los productos progresen y mejoren, esas que en definitiva, hacen que el mercado crezca y se mueva.


Día 3.


Querido diario, hoy he reflexionado sobre el tema y me he dado cuenta de que el economato ha iniciado una especie de comunismo donde imperan las llamadas marcas blancas, esas que tienen muy buen precio y que quedan muy bien en tiempo de crisis, pero que a la larga prefieren quedarse como están y no ser más de lo que son, porque nadie se preocupa de hacerlas mejores. Esas que van en contra de lo que durante mucho tiempo se ha denominado progreso. En el economato, poco a poco, los sucios capitalistas que enturbian nuestro mundo no tienen cabida.


Día 4


Querido díario, hoy me he cansado del economato. Pasearme por sus largos pasillos donde todo es igual, me empieza a aburrir y estoy harto ya de comer siempre las mismas galletas de chocolate.


Por eso he decidido empezar a comprar en otro lugar donde las galletas tienen muchos más sabores, lo llaman “Supermercado” y me he dado cuenta que aquí tengo la oportunidad de elegir, de ser yo mismo. De decidir si quiero esto o lo otro. Si un día quiero gastarme más dinero o menos. Si hoy me quiero dar un pequeño lujo o no. Aquí las galletas son de mil sabores, y ya se sabe, en la variedad está el gusto.


No sé como he podido estar tan ciego.

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