La cultura del cambio

Analicemos por un momento la siguiente situación:

En Barcelona la mítica tienda de Discos Castelló presenta concurso de acreedores. Y si eso no te sorprende quizá sí que lo haga saber que Virgin cierra su tienda de discos en pleno centro de Manhattan, ¡el buque insignia de las tiendas de discos!

En esto que, un importante grupo de comunicación español, de esos de toda la vida, parece que se hunde irremediablemente, y al mismo tiempo los diarios de papel viven una grave crisis pero siguen sirviendo muy bien para envolver el pescado. En cuanto a Telecinco, decir que sufre su peor audiencia en años, y para solucionarlo se dedican a dar palos de ciego, aplicando sin éxito fórmulas que antiguamente funcionaban, e intentando reanimar a sus programas de corazón que sufren una grave arritmia.

En otro orden de cosas, hoy aparece en portada de un famoso diario que la SGAE no ha dudado ni un momento en cobrar la cuota que le corresponde de un concierto de David Bisbal; el problema es que era un concierto benéfico donde David Bisbal actuó completamente gratis para recoger fondos y ayudar a un niño con una enfermedad terminal. Sin comentarios.

Mientras tanto, la amiga de los internautas, ¡la defensora de volver al ADSL a 512K! , esa ministra recién llegada y que responde al apodo de Sindescargas, ha desatado una ira sin precedentes nunca antes experimentada por un ministro de cultura e ¡incluso tiene su propio club de fans en Facebook con más de 30.000 amigos!

Y al mismo tiempo que todo esto sucede, yo voy en el metro y me doy cuenta que hace años solía escuchar la emisión en directo de la radio de ese gran grupo de comunicación, y ahora sin embargo escucho un interesantísimo podcast de cine grabado por dos chicos desde su casa en Mallorca, cuando no otro podcast magnífico sobre cultura audiovisual grabado por cuatro amigos en un estudio. Y entonces miro a mi alrededor y veo que mucha de la gente del metro disfruta de la lectura de libros, están enganchados al móvil, escuchan su mp3 o miran fijamente las pantallas de sus iphones haciendo no sé qué. Pienso en cómo las descargas por internet, tanto las de pago como las que no lo son, están en su mejor momento y subiendo como la espuma, mientras que a los marineros de La Bahía Pirata les intentan encerrar en la cárcel aunque el juicio no haya sido justo. Reflexiono sobre cómo, en España, aunque sigue a la cola de Europa, se leen más libros que nunca. Me viene a la cabeza la cantidad de amigos que utilizan discos duros multimedia y receptores de TDT con disco duro para poder ver sus programas de TV favoritos cuando quieren y cómo quieren. Y pienso también en mi primo el mediano, y cómo desde su ordenador, se pasa el día viendo series de televisión en versión subtitulada y descargadas un día después de su emisión en USA.

Y entonces reflexiono por un segundo y me digo:  los que se dedican a la industria cultural dicen que la cultura vive una crisis sin precedentes, cuando en realidad la cultura en todos sus estados, parece que goza de una salud envidiable, hoy más que nunca. La gente consume cultura sin parar y eso hace que los gustos sean más exigentes y las formas de consumir cultura evolucionen.  Mal que les pese a todos aquellos que forman parte de la lucrativa cadena de esa industria clutural, las cosas nunca más volverán a ser como antes y los cambios que vivimos, cada vez más se van a ir contagiando a la gran mayoría social; quizá no suceda mañana pero, sin duda, sucederá.

Y, más tarde, llego a casa, echo un vistazo a las descargas completadas de hoy, disfruto de una película que compré ayer y antes de ir a dormir, me apetece escribir este post.

Actualización:  Veo en las noticias del medio día que la SGAE se ha echado atrás y que además ha donado a la familia la misma cantidad de dinero que demandaban. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

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