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26
Oct
@tomasferrandiz

El vídeo que tenéis sobre estas líneas no se ha rodado en 35 mm. Ni siquiera se ha utilizado una cámara de vídeo. El cortometraje de arriba está grabado con una cámara de fotos. Se ha utilizado la nueva Canon 1D EOS Mark IV, que además de hacer fotografías, graba en vídeo de alta definición, como ya viene siendo habitual en algunas de las cámaras de gama media y alta de Canon.  No se trata de una cámara al alcance de todos los bolsillos ya que está destinada a profesionales y tiene un precio de varias cifras que asustaría a más de uno.

El autor del corto es Vincent Laforet, que ya realizó otro vídeo para promocionar la EOS 5D Mark II, la primera Canon profesional que incluía vídeo de alta definición. Lo que viene a demostrar este corto es que las fronteras entre cine y video digital están desapareciendo a los ojos de los que no somos realizadores, directores de cine, ni profesionales expertos en audiovisuales. En realidad, el vídeo de Laforet me sirve como metáfora y punto de partida para explicaros algo que todos los profesionales que trabajamos en publicidad tenemos en nuestro ADN: miedo al cambio. 

La discusión entre escoger cine o vídeo digital a la hora de rodar un anuncio es uno de los grandes debates en la profesión desde que el vídeo digital comenzó a tener una calidad más que aceptable. ¿Por qué rodar en 35mm si se puede rodar en vídeo con una calidad asombrosa y evidentemente más económica? Recuerdo hace unos años cuando empezaron a aparecer las primeras cámaras de fotos digitales. No había ni un sólo día en el que no escucharas a un fotógrafo ponerse romántico para defender la textura y definición que ofrecían los 35mm. Hoy en día incluso los mejores fotógrafos del mundo ya disparan con digital. Particularmente, en la agencia hace más de un lustro que no asistimos a una sesión de fotos realizada con película.

Sin embargo, viendo como ha evolucionado el vídeo en los últimos años, es extraño ver como a  día de hoy, en publicidad, todavía se rueda mucho en formato de 35mm. Mientras que el cine largo lo está adoptando de manera natural en gran parte de sus producciones, muchísimos realizadores publicitarios aún se empeñan en rodar en 35. Y cuando no hay presupuesto suficiente, pasan a 16mm. Pero cuando sugieres rodar en vídeo, no aceptan entrar en el juego. Quieren hacerlo con material sensible. Y yo todavía no entiendo muy bien por qué, aunque me han dado miles de excusas: "que si las salas de postproducción no están preparadas", "que si los operadores de cámara no están acostumbrados", "que si el vídeo quema los blancos y queda horrible", "que si la textura es muy ‘de vídeo’ y se nota enseguida que no hay presupuesto" incluso me han llegado a decir que "grabar en vídeo sale más caro"...  Pero de momento, nadie me ha dado razones contundentes ni convincentes para hacerme ver que hoy en día rodar en cine tiene muchísimas más ventajas que rodar en vídeo digital (o "cine digital" según la cámara que se utilice).

Al final siempre me surge la misma pregunta, si George Lucas rodó su última trilogía en formato digital, ¿por qué nosotros nos empeñamos en rodar nuestro anuncio de Pipas en 35mm, con todo lo que eso supone a nivel de coste? Como podréis observar por mis opiniones, soy un auténtico fan del vídeo digital, y puede parecer que, cuando lo llevo a mi profesión, incluso un poco “Talibán”. Nada más lejos de la realidad. Lo que sucede es mucho más sencillo. Más simple y fácil de describir: nos acojona cambiar. En publicidad, vamos de modernos pero temblamos como niños en cuanto nos enfrentamos a algo que desconocemos. Nos viene grande y nos asusta. Todos los que trabajamos en esto lo sabemos: nuestra profesión va a rebufo de los cambios. Creo sinceramente que nos miramos tanto el ombligo que a veces nos olvidamos de lo que está pasando realmente fuera. Acabamos adoptando los cambios cuando llevan años funcionando, y entonces nos subimos al remolque de malas maneras, casi por obligación, cagándonos en todo, y diciendo eso de "tiempos pasados fueron mejores" con la boca pequeña.

Recuerdo que, hasta hace bien poco, cuando todos teníamos grabadoras de DVD en los ordenadores de nuestras casas, todavía recibíamos las bobinas de los realizadores en formato U-MATIC, un formato infumable, aparatoso, primitivo y de una calidad que dejaba bastante que desear (os hablo de sólo unos cuatro o cinco años atrás). Y yo no entendía por qué. Recuerdo también como, hasta hace sólo unos pocos meses, muchos iban por ahí riéndose de internet, diciendo eso de "vaya, ahora está de moda", "es lo que se lleva", "todo volverá a ser como antes". Recuerdo también como hace unos años, en nuestra agencia, decidimos romper esos equipos de 6 ó 7 personas, arcaicos, desfasados y poco operativos, para convertirlos en parejas sin cuentas asignadas, y con el objetivo de que siempre pudieran trabajar en proyectos abiertos, ¡y se armó la de Dios! ¡Todo el mundo corría por los pasillos con el miedo en el cuerpo! Hace unos cuantos meses volvimos a cambiar: las parejas se dividieron, pusimos copies a un lado y artes a otro. Y todos estábamos acojonados, ¡y volvimos a correr por los pasillos atemorizados!. Otro ejemplo: cuando el freehand ya había desaparecido, muchísimos profesionales del sector se empeñaban en seguir utilizándolo (y me consta que algunos aún lo utilizan).

Incluso en los últimos años muchas han sido las voces que hablaban de que festivales como EL SOL debían de reinventarse, cambiar de manera profunda y no sólo en la forma (¿por qué siguen existiendo las categorías?). El año pasado se demostró que los cambios de San Sebastián de los últimos años han sido sólo cosméticos, e incluso así, muchos se resisten a ellos y todavía piensan que “El Festival” debería ser como lo era antes, donde la tele era la madre de todas las cosas, y la gráfica, esa isla de anuncios ficticios para que los creativos pudiéramos demostrar lo inteligentes que somos.

Y así miles de anécdotas más, que cuando las pones juntas, dejan de serlas para convertirse en una actitud común al sector. Lo que sucede es que ahora el sector sí que está acojonado de verdad, porque ahora los cambios sí son profundos y no meras anécdotas. La crisis que todavía dura y durará se está convirtiendo en una prueba de fuego para nuestro ego y nuestra manera tradicional de ver y gestionar la publicidad. Se replantea todo. Cómo trabajamos. Con quién trabajamos. Cómo se nos remunera. Cambian las formas de funcionar. Hacemos lo que antes no hacíamos y dejamos de hacer lo que tradicionalmente nos correspondía como publicistas. Cambian las productoras, las casas de pospo, los estudios, las salas de sonido… Y encima con esta crisis se da la paradoja de que ya hay casi más “freelances” en la calle que publicitarios en las agencias.

Y no, este no es otro post hablando sobre el cambio en la publicidad y bla, bla, bla, porque en realidad estamos sufriendo nuestra primera gran crisis de identidad. Y por desgracia mucha gente en la profesión o en sus alrededores parece que todavía no ha pillado la indirecta.

Pero que nadie se preocupe. Tener una crisis de identidad es muy bueno. Porque al final, te guste o no, te hace replantearte las cosas profundamente y siempre se pueden encontrar buenas soluciones. Veréis, en uno de los primeros capítulos de “Mad Men”, Don Draper, acostumbrado a trabajar en una agencia de anuncios para revistas y radio, tiraba por la ventana el televisor de su amante diciéndole que “ése, era un engendro del demonio”. El resto de la historia hasta nuestros días ya lo conocéis. Tuvieron que adaptarse y tampoco fue tan mal.

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