Rafael Azcona

Chico conoce chica. Sólo que el chico es enterrador y deja embarazada a la hija de un verdugo. Pepe Isbert ya había adivinado de un simple vistazo la medida del cuello de su futuro nuero en una mercería. Ahora la pareja se encuentra en Les Coves del Drac. Los turistas disfrutan del espectáculo formado por estalactitas naturales mientras la pareja se besa acaramelada. Él ha olvidado que está en Mallorca en calidad de verdugo. Todo es romanticismo y de repente, la escena se rompe. Aparece en el agua una barca llena de Guardias Civiles. Uno de ellos lleva un megáfono y va llamando a nuestro protagonista mientras la música suena para los turistas. Ha llegado la hora. Lo que parece que no iba a pasar ha pasado. El verdugo que no quiere ser verdugo tiene que actuar. Intentando escapar a su destino pregunta con insistencia al agente: “¿se ha muerto?”. El esperpento, la sátira, la crítica social, en intrusismo del Gobierno de la época y de las fuerzas del Estado, el cariño de una pareja de recién casados que se quiere, la grada mirando lo que pasa, el diálogo de los personajes. Ese humor tan fino y elegante: ese que sucede fuera de la pantalla, en el patio de butacas o en el sofá de casa y que es universal y muy nuestro a la vez. El Verdugo es una de las más grandes. Otros consideran que es Plácido. Ambas tienen el mismo copy. El mejor de los guionistas que ha dado este país nos ha dejado una carrera llena de grandes películas y grandes guiones. La escopeta nacional, El cochecito, El pisito, ¡Ay, Carmela!, Belle Époque… Un redactor que empezó a hacerse en aquél hervidero de grandes que fue La Codorniz (Mihura, Gila, Forges…). Un copy que decía que era guionista porque le resultaba más fácil que escribir novelas. Alguien de quien aprender. Un maestro de nuestro oficio al que rendimos homenaje desde este foro.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *