Zumthor el ebanista
@siscumolina
17/04/2009 - 12:45 h
Creador de lugares más que de simples edificios, Peter Zumthor (Basilea, 1943) fue ebanista antes que arquitecto. Y esa huella está presente en todos sus edificios. Incluso en los que no son de madera. Hijo de carpintero, estudió diseño en el Pratt Institute de Nueva York antes de convertirse en arquitecto. Allí quedó fascinado por el movimiento moderno y decidió reparar sus errores: incorporar calidad a la arquitectura moderna. Y esa obsesión es la que le ha hecho conseguir el mayor premio que puede recibir un arquitecto: el Pritzker.

Las Termas de Vals (1996), en su país, es su edificio más admirado. La ansiada unión entre abstracción moderna y cualidad artesanal logra en estos baños un exterior preciso, en el que la piedra está cortada como los ladrillos de las termas romanas, y un interior litúrgico con chorros de luz natural.

Con todo, él guardaba otro as en la manga: no lejos de los Alpes, en Bregenz (Austria), estaba levantando el Museo de Arte de la ciudad: un prisma envuelto en muro cortina, traslúcido y fragmentado, que parece suspender el edificio en la esquina de una ciudad medieval. Evidentemente, se trata de uno de esos centros que atraen más visitantes por el contenedor que por el contenido, sólo que discreto, perfecto y mudo, nadie podría adivinarlo. Allí nadie grita.

Tal vez por eso, la arquitectura de Zumthor representa para la mayoría de sus colegas la autenticidad. Y sin embargo, cada uno de sus escasos proyectos tiene una altísima, y pulidísima, carga formal. Sus esmerados edificios, cuidados al milímetro, pensados a partir del material e ideados para no molestar en absoluto y, sin embargo, para sorprender también de muchas maneras, son, sin duda, espectaculares. Pero es obvio que se trata de otro tipo de espectáculo.
"Quiero ser el autor de todos mis edificios", ha declarado. En los momentos de mayor ajetreo, veinte personas le ayudan en su estudio. Una reflexión que también podríanos aplicarnos a nuestra tarea diaria.




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